Más allá del algoritmo: ¿qué cultura llevas al aula de ELE?
- 21 jul
- 7 min de lectura
Actualizado: hace 6 días
Cómo enriquecer las clases de español en la era de la IA
Nos encanta utilizar la actualidad para enseñar español. Es seña de identidad en nuestros materiales de ELE: enriquecer el aula de ELE con los temas que están ocurriendo aquí y ahora no solo aporta el vocabulario de la calle, como decíamos en una anterior entrada, sino que refleja la forma de vivir, los debates, las costumbres y las preocupaciones de la sociedad. En definitiva, la actualidad ayuda a explicar la cultura, en nuestro caso la cultura hispanohablante, desde el presente. Por eso, que la final del Mundial la disputaran dos selecciones hispanohablantes era una oportunidad que merecía la pena aprovechar.
Lo vimos y lo celebramos desde el primer momento. Y no fuimos los únicos. En el mundo ELE, desde lo más institucional hasta lo más independiente, se ha respirado una gran expectación. Es lógico. Un acontecimiento de esta magnitud despierta pasión por el deporte y ofrece una ocasión magnífica para seguir poniendo en valor el español y el excelente momento de proyección internacional que vive nuestro idioma.
Inmersos en este hype, era fácil dejarse llevar por la euforia del momento. De modo que, en apenas horas, y durante días, las redes se llenaron de imágenes sobre la final creadas con inteligencia artificial (IA) que parecían salir del mismo molde: misma estética, misma paleta cromática, recursos visuales muy parecidos y un mensaje prácticamente idéntico, principalmente mucho vocabulario futbolístico (aunque en privado abominemos de las listas de palabras). La rapidez con la que se propagó la tendencia produjo un efecto curioso: cuanto más contenido se generaba, menos diferenciación había entre unas publicaciones y otras. El ELE cedía, casi sin darse cuenta, al FOMO del creador: esa prisa por subirnos a un carro colectivo antes de pararnos a pensar el sentido de la aportación a la didáctica del español.
¿Respondíamos realmente a necesidades de nuestros estudiantes? O, por utilizar un término muy habitual en marketing, ¿resolvíamos alguno de sus «dolores»? La respuesta no es sencilla, porque el alumnado de ELE es tremendamente heterogéneo: edad, género, procedencia, intereses. En una misma comunidad conviven personas que aprenden el idioma para trabajar, para viajar, para leer literatura, para integrarse en una nueva familia, para acceder a una universidad, para ver el fútbol, ¿por qué no?, o, simplemente, por placer. Pensar que todas vivirían una final del Mundial con la misma pasión que se respira en nuestro entorno inmediato probablemente sea mucho suponer.
Y hay otra pregunta aún más interesante: ¿habríamos generado el mismo volumen de contenido si la final la hubieran disputado dos selecciones no hispanohablantes? Si la respuesta es no, quizá la didáctica no era el verdadero motor. Quizá lo era la oportunidad de participar en una conversación deportivamente histórica que sentíamos nuestra como si todo el mundo la sintiera de la misma manera.

El algoritmo refuerza el cliché
Todos estamos explorando una IA que avanza más rápido que nuestra propia capacidad de reflexión. Es posible que ese proceso de prueba y error, en el que todavía nos encontramos, nos empuje sin darnos cuenta hacia lo más evidente. O quizá sea la prisa por llegar pronto al debate colectivo la que hace publicar antes de meditar si lo que se publica es realmente útil para aprender español o si, visto el mismo contenido por enésima vez, un motivo más para scroll.
Cabe decir, sin embargo, que la IA no ha inventado los temas recurrentes. Al ser un modelo que se nutre de medias estadísticas nos devuelve clichés, pero no los crea. Los clichés estaban ahí mucho antes. Todos conocemos los referentes en clase de español. Citemos los del momento y algunos consolidados: Rosalía, Bad Bunny, Karol G, Shakira, Penélope Cruz, Javier Bardem, Pedro Almodóvar, Rafa Nadal, Frida Kahlo, la paella, la sangría, la siesta, el flamenco, el Camino de Santiago, los Sanfermines, el Día de Muertos… ¿Son importantes? Sin duda. ¿Deben estar en clase? Deben estar, sí. Muchos alumnos llegan al español gracias a ellos de manera que son realidades que sobrevuelan el aula, aunque no lo pretendamos. ¿Representan toda la realidad cultural del mundo hispanohablante? En absoluto.
Para muestra un botón. Cada año proponemos a nuestros alumnos que compongan una lista de reproducción colectiva de sus canciones en español preferidas para celebrar el Día de la Música. Luego la colgamos en Spotify. Nos encanta porque siempre nos sorprende lo mucho y lo variado que conocen nuestros estudiantes. Mirando la lista del año pasado, sin ir más lejos, el eclecticismo que llegamos a observar es increíble y a la vez muy revelador. Personas adultas de entre 20 y 40 años nos proponen cantantes y grupos nada mainstream en este momento pero que sí, de alguna manera, han dejado una huella en la música en español que los hace relevantes más allá de nuestras fronteras: Diego el Cigala, Chimo Bayo, Héroes del Silencio, Los Panchos, Rocío Jurado, Concha Buika, Guitarrica de la Fuente… Nadie dijo Rosalía, nadie dijo Bad Bunny. ¿Viven nuestros alumnos desconectados del mundo? Para nada. Simplemente el horizonte cultural de cada uno es más amplio y si lo estrechamos hablando de los mismos personajes, mostrando siempre las mismas imágenes o las mismas costumbres limitamos la respuesta a uno de sus «dolores».
Porque uno de los «dolores» de nuestros estudiantes, además de poder comunicarse en español es conocer la cultura hispanohablante. Así nos lo verbalizan. Y cuando un estudiante le dice a su profesor de español que quiere conocer la cultura, le está confiando una enorme responsabilidad. Porque, ¿de qué cultura hablamos? ¿De la que grosso modo ya conoce o de otra que le amplíe el foco, le sorprenda y le haga seguir enamorándose del idioma y de quienes lo hablan? La necesidad de conocer una cultura tan inmensa como la hispanohablante difícilmente se satisface si siempre recurrimos a los mismos referentes

Hay cultura ELE más allá de los estereotipos
¿Tienes estudiantes escandinavos, egipcios o griegos? ¿Y ya les has contado que hay dos chicos españoles con millones de seguidores en redes y capaces de llenar recintos con hasta 15.000 personas cantando canciones sobre mitología escandinava, egipcia o griega? ¿Canciones que incluso los profesores de Historia usan en sus clases? Es de los temas que recuerdan siempre, créenos.
¿Tienes alumnos japoneses? ¿Y ya les has contado que en Coria del Río (Sevilla) hay más de 700 vecinos que se apellidan Japón porque en el siglo XVII, una embajada japonesa pasó por la localidad y algunos de sus integrantes decidieron quedarse a vivir junto al Guadalquivir? Les va a encantar saberlo. Quizá incluso se animen a visitar el pueblo.
¿Estás trabajando los deseos y los buenos propósitos de año nuevo? Quizá sea el momento de descubrir a tus alumnos que en Bolivia se celebra la Alasita, una feria tradicional en la que las personas compran pequeñas miniaturas de aquello que desean conseguir —una casa, dinero, un coche, un título universitario...— con la esperanza de que esos sueños se hagan realidad en el año que comienza. Puede que hasta recreen su propia Alasita en casa.
Porque todos estos temas también son cultura hispanohablante. Y quizá sea una de las mejores formas de enriquecer el aula desde el punto de vista de la metodología ELE: porque sorprende, porque se aleja del estereotipo, porque presenta temas que se pueden fácilmente comparar con la cultura propia. Frente a la uniformidad del algoritmo, nuestro verdadero valor como docentes de español para extranjeros reside en actuar como curadores de esas joyas didácticas tan válidas o más que cualquier otra, a pesar de lo que diga el algoritmo.

Aire fresco para la clase de español
¿Queremos llevar aire fresco a nuestra clase de español o más de lo mismo? El verdadero reto para los profesores es decidir cuándo aceptamos los referentes que han hecho inmenso el idioma y cuándo buscamos historias menos transitadas, voces menos conocidas, pero igual de necesarias. Historias que abren ventanas a horizontes que nuestros alumnos ni siquiera saben que existen.
Por decirlo de manera más gráfica, si junto a nuestros alumnos trabajamos Dai Dai de Shakira, la canción nos parece un temazo, pero no despierta en nuestros estudiantes unas ganas irrefrenables de viajar a Colombia. Si, en cambio, llevamos al aula el "Desfile de Silleteros" de Medellín contado por los propios silleteros, quizá nazca en ellos las ganas de coger un avión para verlo en directo.
Con la filosofía de la sorpresa y del aire fresco nace cada secuencia didáctica de Lección‑E, cada página de nuestra revista Español al Tiempo y cada pódcast que elaboramos. Nuestra idea es siempre ir un paso más allá de lo clónico para ensanchar el horizonte cultural. Además no lo hacemos de una forma meramente descriptiva, sino llevando la voz de los protagonistas a las clases de español. Sin dejar de lado a Bad Bunny o las Fallas, hablamos también de aquella librera gallega que recorrió Europa durante tres meses en su autocaravana llena de libros en español; de aquel fotógrafo madrileño que siguió trabajando tras perder casi por completo la visión; o de los campesinos colombianos que recuerdan cada año, en un desfile floral, el esfuerzo de caminar hasta la ciudad cargando sus productos a la espalda cuando no había carreteras. Incluso los escuchamos; porque conversamos con ellos para llevar su testimonio directo a los estudiantes. Y ese es, sin duda, el plus que diferencia a nuestros materiales. No son infografías preparadas en serie por la IA. Sino historias contadas por sus protagonistas, siempre con un objetivo lingüístico en mente. Pequeñas historias que consiguen grandes clases.

Por acabar por donde empezamos, el verdadero reto con la IA es cómo la integramos a la enseñanza de español. Si la usamos de forma acrítica, obtenemos un contenido plano, homogéneo e intercambiable. Nada diferencia un material de otro, nada suma. El algoritmo puede procesar la actualidad en segundos, pero descubrir la magia de historias menos transitadas que responden mejor al «dolor» de los alumnos sigue siendo una tarea puramente humana que los profesores de español debemos cubrir si queremos que el aula de ELE siga siendo un espacio de descubrimiento, curiosidad y aprendizaje.
La próxima historia puede cambiar una clase.
Si te ha gustado esta forma de entender la enseñanza del español, encontrarás esa misma filosofía en todo lo que hacemos en Lección-E.
Cada secuencia didáctica, cada número de Español al Tiempo y cada pódcast nace con la misma pregunta que ha inspirado este artículo:
¿Qué historia merece la pena llevar al aula para que nuestros estudiantes aprendan español y descubran una nueva forma de mirar el mundo hispanohablante?
Creemos que aprender un idioma también es descubrir las personas, las historias y la cultura que hay detrás de las palabras.
Por eso diseñamos materiales basados en temas actuales, voces auténticas y experiencias reales que ayudan a los estudiantes a comprender el español de hoy y despiertan su curiosidad por seguir aprendiendo.
Si tú también buscas sorprender a tus alumnos con materiales diferentes, te invitamos a descubir cómo trabajamos en Lección-E.



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